Posteado por: jpsalazara | diciembre 1, 2009

China: guerra e invasión psicológicas

 

China: guerra e invasión psicológicas

José Pablo Salazar A.
www.shm-mella.blogspot.com

Hoy la guerra no es con armas, es psicológica”, me dijo un estimado profesor de mi maestría, y puso como ejemplo el caso chino.  Por eso, he analizado cada instante de la cotidianidad que vivo y he logrado -y seguro lograré- encontrar el mismo escenario para ejemplificar la afirmación de mi profesor de Economía.

La estrategia de conquista de tierras (mercados) efectivamente se ha alejado de la sangre para profundizar terrenos psicológicos, en el nuevo cambo de batalla: la globalización y con las nuevas “armas”: el mercadeo, los massmedia, la información, el cuasiconocimiento y la apertura. Países como Costa Rica, carentes de nacionalismo e identidad, son flancos endebles para el poder de la colosal economía roja.

Para muestra un botón: “Kong-fu Panda”, “La Momia”, “El Caballero de la Noche”, la Coca  Cola  y su frase “deliciosa felicidad” en mandarín, los Juegos Olímpicos 2008, publicidades con mensajes orientales, proliferación de restaurantes, “escuelas” de mandarín, almacenes de baratijas, y un mar de información sobre China y su risible comunismo.

Oponerse a la apertura comercial es una estupidez y más aún en momentos en los que el país cedió ante los intereses particulares. Sin embargo, es deber de todo costarricense amante de su Patria, su cultura, su libertad y su soberanía, defenderla contra las amenazas furtivas y alejarse del pasivismo y despertar del sueño producido por fanatismos absurdos.

Nunca las naciones latinoamericanos han estado tan asediados e irónicamente tan vulnerables frente a la guerra mental y materialista, como hoy.

La revolución industrial china, la evidente explotación del ser humano  e indiferencia de los derecho humanos y el aislamiento del mundo en relación con el democratización de la información, son características de una popular China que extermina a millones de ciudadanos, mientras se refugia en los ridículos argumentos de la disminución de la pobreza, la producción, el desarrollo y el crecimiento.

La globalización “aumenta la interdependencia y la integración económica entre los países desarrollados y los países en desarrollo”, afirmó Jiang Shixue, investigador del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Academia de Ciencias Sociales de China, en su libro Estudio comparativo de los modelos de desarrollo de América latina y el Este Asiático.  Obvio así es; no obstante, en la contemporaneidad, la cosmovisión arrojada por la teoría holística sabiamente postula que todo lo que gira en torno al hombre está relacionado entre sí, incluidas la cultura, la sociedad, la política y  el ambiente. Por tanto, si cambia la economía, muta todo.

El fenómeno de la transculturación y sus males derivados se presentan en demasía en aquellos pueblos que carecen de educación actualizada, participación ciudadana y compromiso político. Para colmo de males suelen ser liderados por marionetas de cuerda con duración de cuatro vueltas y pregoneros de retóricas trilladas sobre justicia social, democracia y paz, y reparten planes ilusorios que hacen del día a día, una danza con lo circunstancial.

La invasión china gana la batalla cada día en todo el mundo y nuestro país es tierra firme para algo que tiene más parecido con la cizaña que con tierra para la prosperidad y la abundancia frugales.

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