Posteado por: jpsalazara | noviembre 17, 2009

“vale-verguistas” vs. valiosos

Jóvenes “vale-verguistas” vs. juventud valiosa

 

Hemos caído 2 veces y es el round 12.

 

 

José Pablo Salazar A.
www.shm-mella.blogspot.com

Es común observar en todos los espacios y tiempos de la vida en sociedad, una buena parte de la juventud costarricense –y juventudes occidentales- perdida e indecisa, como cuando el mísero ratón es acorralado por el gato maula.

Las nuevas generaciones padecen caminar como el cangrejo, demuestran escaso o nulo civismo, son tinajas de antivalores, esponjas de vicios, drogas y alcohol, la debilidad moral personificada y cadáveres sedados por el fútbol, el reguetón, el materialismo y, en menor número, por la religión.

Sin pretender innovar un neologismo, la porción jovial que secuestró el capitalismo son (de)generaciones “vale-verguistas”. Por si queda duda, este es el resultado de la fusión entre la palabra “vale”, del infinitivo valer, y la expresión vulgar y popular “verga”, cuyo significado es pene de un mamífero, según la RAE.

Entonces, a ese buen segmento de las nuevas generaciones occidentales les “vale verga” todo, por lo que hablo de “vale-verguistas”.

Es risible e indignante preguntar a un joven sobre algún tema de actualidad y mucha más irritable lanzar una pregunta sobre cultura, sobre arte o sobre historia, aunque el tema central de la pregunta esté desactualizado por horas o días.

Inaudito resulta saber que en las aclamadas sociedades de la información y del conocimiento, la juventud y algunas estampidas de individuos ya no tan jóvenes ignoran aspectos tan elementales como el número o nombre de las provincias de Costa Rica, el origen o significado de El Fortín, del Teatro Melico Salazar, quién fue Alfredo González Flores, Pancha Carrasco, qué significa el acrónico Unesco o las siglas BID, entre otras simplezas.

La necesidad de este vehemente reclamo público es que todos, en especial las nuevas generaciones, estamos obligadas a saber lo bueno y lo malo, lo cierto y lo falso y lo bello y lo feo del mundo que nos rodea; por supuesto, que en términos holísticos.

¿Por qué? Un joven necesita ser conciente de su situación, saber dónde nació y en qué lugar vive; de lo contrario, es incapaz de manifestar un criterio claro, conciso y apropiado y, menos aún, defender lo suyo cuando este es amenazado.

Hoy, la juventud ni siquiera sabe qué le pertenece y lo qué en realidad extravió y que aún no se ha percatado.

Esta nación requiere de ciudadanos con pensamiento crítico, requiere familias formadas en la cultura, en el arte, en la música, entre obras literarias; con una percepción inteligente de la realidad implicada donde relacionen y actúen de acuerdo con sus principios y su ética, donde capten las verdades o no verdades y busquen el bienestar de su contexto y, por antonomasia, del suyo propio.

A esta altura aclaro que no quiero parecer políglota o algo por el estilo. Decía Albert Eistein sabiamente que “todos somos ignorantes, lo que pasa es que no todos ignoramos lo mismo”.

Primer culpable: la familia. En tiempos históricos donde los jóvenes seremos alrededor del 32% de población costarricense en el 2020, los padres y madres son los grandes responsables de lo que atestiguamos todos los días.

La globalización trajo sustitutos de padres: los juegos de videos y el Facebook; estos incentivan el sedentarismo, la obesidad, la pereza, el rechazo a la lectura, la manía consumista y, por supuesto, dispara el número de “vale-verguistas”.

El padre y la madre están tan ocupados en sus respectivos trabajos que no tienen tiempo para instruir a sus hijos.

Si no es así, ese tiempo es destinado al decadente fútbol nacional, mientras que ellas aceleran el quehacer para poder ver las telenovelas.

Por desgracia, cuando se dan cuenta del monstruo que (de)formaron es demasiado tarde.

Segundo culpable: el sistema educativo. Como el efecto dominó o el efecto mariposa, si las bases construidas en el seno de la familia están débiles, al sistema educativo le es más complicado, más no imposible, corregir los problemas de los niños y jóvenes.

Todo se complica, al notar que el sistema educativo es obsoleto y sus alcances, la corroncha que queda cuando se acabó lo sustantivo.

La escuela y el colegio son los rings donde se ejerce la lucha a muerte por ser buen estudiante con reputación de sapo y homosexual o por ser popular y abarraganado, o en otras palabras “vale-verguistas”.

Si el estudiante es bueno –más bueno que el maestro o profesor- corre el riesgo de ser tildado de malcriado por el mismo docente, quien deja a ojo de tuerto su incapacidad e incompetencia.

Conclusión. Quien se oponga a esta acusación solo tiene que preguntarse quién roba y asalta a mano armada; quién pide ayuda en las calles; cuál es el mercado meta de los carteles de drogas; quién deserta de las escuelas y colegios; quién está sentado en la esquina de su cuadra, luego de pasar hasta el medio día en la cama y durante la tarde en esa misma esquina.

Dudo mucho que la población adulta o adulta mayor sea la respuesta a estas interrogantes.

Costa Rica sangra y su paz agoniza; pero nunca es tarde cuando aún existen ciudadanos, gente capaz de levantarse y despertar a las generaciones que son la variable determinante entre el equidad y la desigualdad eternas.

No obstante, lo más determinante es iniciar la batalla con nuevos hombres, es decir, el halo del cambio son las generaciones venideras.

Estamos en el doceavo round, la campana está por sonar, hemos caído un par de veces y el rival quiere ganar por knockout.

Para quien propone sobornar al árbitro, no, porque seríamos corruptos; y para el conformista que desea esperar la decisión final, no, porque evidentemente perderíamos.

Entonces no queda más que acostar al de pantaloneta cuya leyenda reza “vale-verguista”.

Finalizo haciendo un llamado a la juventud que aún está del lado correcto para que se mantenga, para que imponga el magnetismo positivo y se salven de ese abismo.

Las generaciones carentes de sensibilidad social, de valores, de conciencia cívica y ambiental, de fuerza moral y de pensamiento crítico y análisis, están muertas aunque caminen y se muevan, porque solo serán un reflejo de lo que piensan y defienden sus tocayos de la morgue.

El ser humano forma parte, con una limitación en el tiempo y en el espacio, de un todo que llamamos universo. Piensa y siente por sí mismo como si estuviera separado del resto; es como una ilusión óptica de la conciencia. Esa ilusión es una cárcel que nos circunscribe a las decisiones personales y al afecto a las personas más cercanas. Hay que traspasar sus muros y ampliar ese círculo para abrazar a todos los seres vivos y a la naturaleza en todo su esplendor”, apuntaló  Einstein.

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