Posteado por: miguelcostarica1985 | noviembre 8, 2009

Donde caen los sueños

Miguel Rivera Vargas

Esperando el autobús una señora se me acercó y se sentó a mi lado… ella quizá fue una sencilla pero poderosa coincidencia, de esas que uno nunca quisiera toparse.

Eran las 5pm aproximadamente, yo venía de regreso de un día bastante cansado. Temprano envié un mensaje de texto desde mi celular a una amiga que yo quiero con todo mi corazón, a la cual tenía un tiempo de no saber de ella.

Inmediatamente recibí respuesta pero de su hermano… mi amiga había fallecido ese día en la mañana producto de un paro respiratorio, noticia que me dejó con un vacío en el estómago, una gota de sudor bajando por mi espalda y una lágrima que nunca salió de mi ojo izquierdo (cómo hubiera querido que lo hiciera).

Regresando al inicio de mi historia, la señora, sin conexión alguna con mi persona en aquel momento, me ofreció incienso y lo acepté, devolviendo cien colones a cambio. Pero ella, además, me dió un trozo bien cortado de papel de banano que decía: “con mi alas ya luzco bien al sol”…

En sincronía todo mi cuerpo se paralizó pues, específicamente esa parte, la frase me recordó una canción de León Gieco llamada “Donde caen los sueños”, la cual habla de la muerte, de ese paso que todos debemos dar, de aceptar con amor y resignación algo inevitable que, de lo contrario, nos desgarraría eternamente el corazón.

La señora sonrió y me dijo -¿le gustó la sorpresa joven?-, a lo que respondí -señora, no sabría decirle si me gustó, pero logró llegarme al corazón-, y ella simplemente volvió a sonreir.

Minutos más tarde, la señora abandonó el autobús en una parada y yo quedé ahí, con una varita de incienso, un troz de papel de banano y un nudo entre el corazón, la garganta y el estómago, pensando cuántas veces pude decirle a mi amiga un “te quiero”.

Hoy quizá Desde El Parque no recibió de mi parte una crítica afilada o un artículo intensamente fabricado con tinte de reflexión periodística alternativa, pero en definitiva, hoy fue cuando más cerca me sentí como humano, como hombre, como persona.

Siempre busqué en las personas todo lo necesario para las noticias anteriores con el fin de darle esa voz al pueblo que queremos apoyar, esa garganta colectiva que se queda muda cuando grita el Gobierno y la empresa privada en los medios hegemónicos.

Hoy la voz me buscó a mí, justo un día que no buscaba más que un rostro querido que no volveré a ver, pero esa voz me dió, sin saberlo, una lección, una sonrisa, una varita de incienso y un trozo de papel de banano que llevaba escrita en esencia una eterna canción de amor.

Para una eterna amiga que nunca se fue, aunque no volverá.

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